luz del sol

Luz del sol y sus beneficios

Imagen de Larisa Koshkina desde Pixabay

Basta con ir de camino al trabajo una mañana cualquiera , con el sol al fondo, siendo la única fuente de calor que recibes en los que son días bastante fríos, para que sientas como mágicamente esa temperatura trae consigo algo de alegría y además, algunas preguntas y cuestiones sobre la luz solar.

El sol y algo de historia

Por muchos muchos años el sol ha sido motivo de adoración, culto o en los casos más simples, de alegrías y festividades por diferentes motivos, según la época y lugar donde nos encontremos, pero siempre ligado a la importancia e imponencia que tiene el astro rey.

Para todos es bien sabido que sin el sol y su luz, la vida en la tierra no sería posible, sí que estamos cansados de leer sobe esto en nuestras escuelas y cada tanto tiempo que se habla sobre conservación y medio ambiente. Sin embargo, es la verdad y siempre ha sido así.

Por allá en los años 2400 a.c. y un poco más atrás, los egipcios adoraban al sol como el dios Ra, padre creador del mundo, la luz, la vida y la muerte; y el máximo díos entre todos ellos, a pesar de que hubo un faraón (Akenatón) que quiso destronarlo cambiándolo por el Dios del círculo solar Atón, con el tiempo Ra volvió a pocisionarse como el dios que era antes.

Un poco más acá en el tiempo y en ubicación geográfica, podemos ver como la sociedad inca adoraba a la deidad Inti, otra representación del sol como dios y creador del mundo; teniendo como par en su rango a la luna, quien era su hermana y esposa a la vez.

Incluso vemos la representación de Inti en la bandera de varios países del sur de América, como la de Argentina y Uruguay por ejemplo, o en la moneda oficial del Perú, el sol; recordando lo importante que fue esta deidad (el sol) para sus ancestros, el gran imperio inca.

Con los anteriores ejemplos no quiero sino ilustrar lo que todos sabemos y que diferentes civilizaciones conocían y actuaron a su manera, creando ídolos y rindiendo tributos de diferentes maneras; esto es, que sin el sol y su influencia “mágica” la vida no sería posible. A diferencia de las civilizaciones pasadas, hoy día con la tecnología al punto en el que se encuentra, nuestros métodos son menos místicos y más científicos, más de entender y menos el recibir ciegamente los beneficios.

Así es pues, que en la actualidad si bien aún existen cultos que encierran algo de símbologia a nuestra gran estrella, la ciencia sigue escudriñando cada vez más en el como nos alimentamos de su rayos, en cómo funciona el sol y en cómo funciona la luz.

¿Onda de luz o partícula de luz?

Desde que la ciencia se interesó en entender al sol, su luz y como actúa en el mundo se inició la cuestión de si, en efecto la luz es una onda o son partículas, lo cual varió de investigador a investigador, según sus conocimientos y áreas de estudios.

Por suerte, para que podamos conciliar el sueño y dejémos de preguntarnos quienes estaban en lo correcto, experimentos recientes en diferentes ubicaciones del mundo han coincidido en que la luz actúa como onda y como partículas a la vez.

Esto último sólo quise mencionarlo como dato interesante, la verdad me lo pregunté más de una vez y acá terminé por leer bastante sobre el tema.

¿Cómo consumimos la luz solar?

Bien, ya daré por sentado que sabemos que la luz solar es importante para la vida animal y vegetal, así que no me detendré mucho en los beneficios que solemos leer y escuchar, sino mejor en cómo absorbe el cuerpo humano la luz del sol.

No me extrañaría si me dices que también has escuchado alguna vez que la luz del sol es la principal fuente de vitamina D, después de todo, lo han dicho de muchas formas los médicos y especialistas. Yo mismo lo recomiendo cada vez que puedo, sin saber cómo es este proceso, debo confesar.

Para la absorción de dicha luz, basta con exponernos al sol directo, nuestros cuerpos son capaces de forma casi mágia (pero todo por medio de reacciones químicas), de absorber la luz y su radiación por medio de la piel, enviarla a los órganos encargados de sintetizarla, en este caso el hígado, y allí producir la ya mencionada vitamina D ¡maravilloso!.

Ahora, debo recordar que si estás leyendo esto en tiempos de cuarentena o si por alguna razón no puedes “salir al sol”, haz lo posible, es válido hacerlo desde tu balcón, ventana o terraza; pero hacerlo unos minutos al día es importante.

Día soleado, día perfecto

Imagen por Jill Wellington de Pixabay

Bueno, debo admitir también que no soy el mayor amante de los días soleados, en contraparte a los días opacos, húmedos y a veces lluviosos, sin embargo, no podría negar el efecto que tiene sobre el ser humano vivir mayor cantidad de días en climas así, soleados, un buen estado de ánimo se mantiene con mayor facilidad.

Esto está ligado, como cabría esperar a los beneficios de la vitamina D sobre el cuerpo, el mísmo cuerpo que se “alegra” y estimula la producción de serotonina en nuestro cerebro, asociada con el estado de ánimo y problemas mentales de diferentes índoles en su ausencia. Ah, también por eso de vivr mayor parte del tiempo bajo un clima soleado, será que los latinos tenemos ese sabor (no me corrijan, sé que muchos no tenemos ni pizca).

En definitiva, a no ser que tengas problemas de la piel o similares; recibir la luz del sol será beneficiosa para todo tu ser, incluso para esas fotografías a la que quieres darles más aires de película de Peter Jackson y conceptos de profundidad. Así que ya puedes volverte un adorador del sol bien sea como un amante de broncearse en la playa o como un creyente de las religiones que en la actualidad han cambiado al sol por una figura más humana.

musas y apolo

Las musas, de la mitología a la práctica.

Se habla mucho, en algunos círculos no tan amplios, de la inspiración de las musas. “Que las musas te acompañen”, “que tu musa te susurre al oído” y otras frases similares he escuchado para desear una buena obra, un fluido desenvolvimiento, un dichoso y productivo arrebato de inspiración.

¿Qué o quienes eran las musas?

Desde la antigua Grecia nos llegó la mitología y con ella una cantidad importante de historias y mitos, como seguramente todos sabrán ya. La famosa mitología griega nos dejó en el campo de las artes su propia creencia o culto a los seres casi divinos (o divinos en algunos lugares) como lo son las musas.

Según nos cuentan los escritores más antiguos, son un grupo de 9 deidades, hijas de Zeus y Mnenósine, quienes bajaban del Olimpo a inspirar entre los hombres los más lindos y altos estados del ser para la creación de sus obras, en distintas áreas del arte, como lo son la literatura, en distintos géneros, incluso; la pintura y el teatro.

En la era moderna, estas agraciadas personificaciones siguen siendo el objetivo de versos y de pinturas que de vez en cuando se asoman a una atrevida galería de arte, sin embargo son cada vez menos frecuentes pero quienes tienen un mínimo conocimiento de lo que en ellas se deposita, siguen viendo en ellas la compañía necesaria a la hora de crear, pues saben que no hay arte sin una musa que le acompañe o haya dedicado sus palabras de aliento al autor.

¿Tienes una musa para tí?

Definitivamente yo tengo una musa; no, no en el sentido de pertenencia egoísta y definitiva, sino en el sentido de existencia, hay siempre en todo momento una Calíope que me exalta al observar un horizonte la cual conquistar, del cual saldría una aventura sin lugar a dudas; una Melpómene, porque no hay alegrías ni soluciones sin turbulencias ni tragedias y una Talía, pues al final la vida es una comedia, y aún más allá de esta vida nos espera una divina comedia ¿no?

Ah pero claro, no ha sido como yo inocentemente a mi temprana adolescencia quise pensar, que estas fuentes de saberes y de inspiración vendría de un ente, de una idea o una persona especial, ha sido por el contrario, un conjunto de personas y situaciones, muchas de éstas también ligadas a otras personas, quienes formaron en su conjunto una fuente de copiosa inspiración para mis ideas, para las palabras que de mi han nacido en el momento exacto y no tan exacto. Y como suele ser, muchas de estas personas ya no están conmigo, o como mucho, ya no en la forma en que lo desearía.

¿Existen las musas o las inventamos a conveniencia?

Más allá de la mitología y caminando un poco más en la vida moderna, puede que sí, la idea de las musas nos pueda parecer algo olvidado, fuera de uso y que simplemente se le puede conferir tal título a la persona amada. Sin embargo a lo largo de la historia se pueden observar claros ejemplos de mujeres que se volvieron las musas, en el más amplio sentido, de grandes y reconocidos artistas; Gala Éulard Dalí fue para Salvador Dalí su gran e innegable musa, fuente de las ideas y según diferentes artículos, era más creadora que inspiración (ésto último es otro tema a discutir).

Cierto también es, que esta persona ideal que nos leva a crear las más altas obras en nuestras vidas no siempre pueden estar a nuestro alcance o terminar como nuestras esposas; la musa para Alicia en el país de las maravillas, no fue más que una niña que le pidió le contara una historia un día en el que paseaban. Incluso, una fuente de inspiración o musa puede ser esa persona de ojos brillantes, que te topaste en el tren y que al cederle tu asiento te das cuenta de que su voz es encantadora, lo típico.

Lo cierto en este tema es que podrán ir y venir musas a nuestra vida pero siempre habrá una fuente, un epicentro de donde broten las palabras y bocetos que realicemos y ¿hay alguna razón para profundizar en si es una deidad que adopta la forma de un ser humano o no? Las musas están y estarán siempre con nosotros y debemos estar atentos a lo que sus gestos y palabras nos indican, pues ciertamente no es tan fácil entenderlas en esta sociedad moderna y acelerada.